Hagase la Música

Sábado, 13 de Febrero de 2016

Interpretes | Voces


Roberto Goyeneche

Roberto Goyeneche

El Polaco nació el 29 de enero de 1926. Fue conductor de colectivos, taxista y mecánico. A los dieciocho años debutó en la orquesta de Raúl Kaplún y luego fue vocalista de Horacio Salgán. En 1956 fue convocado por Aníbal Troilo, incorporándose a su orquesta como cantor hasta 1963. Alentado por Pichuco, con el que llegaron a ser grandes amigos, al año siguiente se constituyó en forma definitiva como solista, etapa que se prolongó durante tres décadas.


Aunque Goyeneche empezó en la orquesta de Raúl Kaplún -a la que se integró tras ganar un concurso-, el primer registro comercial es con la formación de Horacio Salgán en 1952. La increíble leyenda es que el representante del pianista lo escuchó cantando mientras Goyeneche manejaba la 219, línea de la que era colectivero. El hombre, que también se ufanaba de “descubrir” a Edmundo Rivero y Alberto Marino, lo llevó a la prueba con el músico, que venía de rearmar su orquesta de avanzada.

Con Angel Paya Díaz -que lo rebautizó como “Polaco” por su cabello rubio-, Goyeneche hizo sus primeras armas al frente de la orquesta de Salgán, dejando diez registros imbatibles. Entre ellos, el de Pan -un tango de corte social- y en duetos con Díaz, un formato en auge en los años 40 desde que lo impuso Aníbal Troilo con Alberto Marino y Floreal Ruíz.

Junto a Pichuco


El 1956 Goyeneche armó las valijas y mudó su voz a la orquesta de Troilo, que fue entrar por la puerta grande del tango. Unos años atrás Edmundo Rivero había hecho el mismo trayecto: primero con Salgán y luego con Troilo. Es que la orquesta de Pichuco, cuando ingresó Goyeneche, ya era una auténtica escuela de cantores: por ahí habían pasado, además de Marino, Ruíz y Rivero, otras voces esenciales como las de Francisco Fiorentino, Jorge Casal y Raúl Berón.

Entre 1956 y 1963 Troilo y Goyeneche compartieron escenarios y grabaciones, dejando temas que cobraron la magnitud de clásicos con el tiempo. Está claro: aún con los últimos estertores, eran tiempos en que las orquestas difundían novedades. Y Goyeneche consagró la canción A Homero -homenaje de Cátulo Castillo al gran Homero del tango, Manzi-, La última curda, Tamar y Garúa, entre muchos otros.

Increíblemente, la primera etapa de Goyeneche con Troilo entre el 56 y 59 -realizada con la compañía TK- no existe en CD y recién ahora salió el resto del trabajo con Troilo en RCA Víctor, ordenado en forma cronológica y bien documentado. Aunque Goyeneche estaba cómodo en la orquesta, fue el bandoneonista quien propulsó su salida, confiado en que encontraría más eco como solista.

Años después volvería a grabar con Aníbal Troilo Nuestro Buenos Aires (1968) -doce temas con firma de la dupla Federico Silva y Armando Pontier- y ¿Te acordás Polaco? (1971) -dedicado a repasar una docena de clásicos-, en los dos casos como cantante invitado. El segundo trabajo sería en rigor el último surco que hizo Pichuco en su carrera.

Más allá del plano anecdótico, el paso de Goyeneche por la orquesta de Troilo fue decisivo para su carrera. Le dio un repertorio que transitó hasta el final, un nombre respetado en el tango y hasta conoció a muchos músicos que lo acompañarían en sus siguientes etapas discográficas (el caso del bandoneonista Ernesto Baffa y el pianista Osvaldo Berlingieri).

En una entrevista Goyeneche resumió todo: dijo que Troilo era su “papá” y que cantar en la orquesta de Pichuco fue "como jugar en la selección”. No se equivocaba.

La década del 70 marcó la bisagra en la carrera de Goyeneche. Tenía el reconocimiento en el ambiente del tango (como ex cantor de las orquestas de Salgán y Troilo y algunos registros como solista) pero aún no era la figura con ribetes míticos que alcanzó sobre el cierre de los 80.
Pero además su voz ya no tenía ese vibrato impactante y se empezaba a reconvertir en un intérprete, un decidor de las letras, mucho más cercano a la escuela de crooner que a la de cantor con orquesta. Porque también el tango se replegaba en formaciones pequeñas y salas más reducidas (el boliche Caño 14 fue todo un emblema) y militaba contra cualquier novedad.

En este aspecto Goyeneche también tuvo la virtud de mirar más allá que el resto de sus pares: cuando el mundillo atacaba a Piazzolla, el Polaco grabó Balada para un loco, de Astor y Ferrer. No es lo único: confesó que le gustaba Los Beatles y grabó temas de los poetas que aparecían en aquel entonces, como por ejemplo, Cordón, de Chico Novarro.

Pero si los 70 fueron años en los que se rodeó sólo de Atilio Stampone, Raúl Garello y la Orquesta Típica Porteña para llevar adelante los registros, los años 80 cambiaron la historia para el Polaco. También para el tango, que antes se debatía entre programas de televisión como Grandes Valores del Tango y Botica de Tango, y los agoreros que le diagnosticaban la muerte. Soplaron otros aires para el tango en los años 80.

El decidor

Esa ráfaga decisiva se llamó Tango Argentino, una compañía que encontró enorme repercusión en el exterior y a la cual, todos coinciden, se debe una parte del renacer de la música ciudadana. “El éxito parisino del espectáculo Tango Argentino, de los coreógrafos Claudio Segovia y Héctor Orezzolli, entusiasma a los productores de Broadway. En el París de 1983 no es extraño que el tango vuelva: nunca se había ido del todo; Francia tiene memoria de lo que ha sido la tangomanía”, escribió el especialista Sergio Pujol en Historia del baile.

Roberto Goyeneche fue una de las voces de la compañía, pero pronto se bajó. Sin embargo, su carrera no paró de crecer en términos de masividad: tuvo mucho que ver su participación en el film Sur -en el que encarnaba a... un cantor de tango-, de Pino Solanas. Antes se dio el gusto de grabar con Carlos Franzetti y 40 músicos del Colón en El Polaco por dentro, con arreglos sinfónicos. Un disco muy criticado aunque él lo defendió a capa y espada.

A partir de ahí dejó registros en la compañía discográfica de Litto Nebbia, Melopea. Son memorables los surcos de Historia de oro y Roberto Goyeneche vivo y chamuyando, que mostraron el clima que se generaba en los conciertos, cuando cantaba Contramarca, La novia ausente y Como dos extraños.

Mientras su voz se iba apagando, una pleyade de rockeros se acercaron con admiración a él. Goyeneche respondió con sus últimas fuerzas. Cantó con Fito Páez en la sala New Order y cerró un concierto ante 40 mil espectadores en plena 9 de Julio, antecedido por JAF, Celeste Carballo, Moris, Litto Nebbia, Juan Carlos Baglietto y Fabiana Cantilo.

Más que acallarse con su muerte, en los ultimos años apareció una serie de grabaciones conocidas y desconocidas, pero mayormente concentradas en su última etapa, cuando su técnica natural cedió y Goyeneche encarnó mejor que nadie la figura del decidor, con una carga de emoción única. Adriana Varela y Gabriela Torres son sólo dos de las cantantes que hoy rinden culto al Polaco.

Agradecemos a Andrés Casak - Terra Argentina



Efemerides

  • 18 de enero de 1986: muere Edmundo Rivero.

  • 15 de enero de 1901: nace Rosita Quiroga.
    Guitarrista y cancionista. Artista de gran personalidad fue una gran difusora del tango en el exterior donde tuvo muchísimos admiradores.

  • 06 de enero de 1922: nace Roberto Rufino.
    Cantor. Sus primeras actuaciones las realizó con la orquesta de A. Bonavena, tenía 14 años. Es autor de varios tangos "Como nos cambia la vida", "Eras como la flor" y "El bazar de los juguetes" entre otros.

  • 26 de diciembre de 1906: nace Imperio Argentina.
    Cancionista y actriz. Con Gardel filmó dos películas "Melodía de arrabal" y "La casa es seria". En su extensa trayectoria grabó varios tangos, entre ellos "Negra", "Se va la vida", "Andate con la otra" y "Rocío".

  • 25 de diciembre de 1935: nace Susana Rinaldi.
    Actriz y cantante. En el canto se inició grabando para el sello Madrigal. Inauguró la Botica del Ángel cantando tangos. En 1976 viajó a Europa y debutó en el teatro D'Orsay y en 1977 en el Olimpia.

Citas

  • Roberto Goyeneche
    “Siempre recuerdo lo que me dijo Aníbal Troilo Pichuco, uno de los músicos más importantes: «Hay que contarle al público, no cantarle, porque de cantar se encarga la orquesta»”

  • Aníbal Troilo
    "De Buenos Aires tendría que decir muchas cosas... Que es mi vida, que es el tango, que es Gardel, que es la noche... Que es la mujer, el amigo... Tendría que decir muchas cosas y muchas no sabría cómo decirlas... Pero anote esto: agradezco haber nacido en Buenos Aires."

  • Carlos Gardel
    "Yo me siento muy feliz y satisfecho con el homenaje del pueblo. Porque es mi pueblo. Es el pueblo que sufre y ríe conmigo, y que me aplaude. El pueblo que ha formado el pedestal de mi prestigio y mi gloria".

  • Rodolfo Mederos
    "La relación con el bandoneón es como con los amigos o con la mujer: hay épocas en que estamos muy bien, hay épocas en que nos peleamos un poco"

  • Rubén Juárez sobre "el varón del tango", Julio Sosa
    "Ahora, yo pregunto, de mi generación ¿quién no era fanático de Julio Sosa? La presencia del tipo en el escenario, la orquesta de Leopoldo Federico, cómo lo anunciaban, aparecía entre la gente que iba a bailar con un micrófono inalámbrico. ¡Era Sinatra, para nosotros! El tipo con una pinta impresionante, le tocaba todo a las minas mientras entraba. ¡Era un ganador!"

Clásica y Ópera

Compositores

Félix Mendelssohn

Mendelssohn era realmente un hombre dotado. Además de su talento musical, tenía una memoria sorprendente y era un pianista soberbio, un buen violista, un organista excelente y un director inspirado; era también buen pintor y hábil escritor, dotado de considerable saber literario. Su estilo encierra el sentimentalismo de un romántico y el gusto y equilibrio de un clásico.

Buenos Aires, 12/02/2016

La ópera de cámara Mahagonny Songspiel, gratis en Plaza Vaticano

Será este domingo 14, martes 16 y miércoles 17 de febrero a las 20 hs. en el marco del Festival de Verano del Teatro Colón, que da inicio a su temporada artística 2016. Otras propuestas con entrada libre y gratuita. La “Pequeña Mahagonny”, como se la conoce, es una verdadera gema producto de la unión de dos talentos insuperables del siglo XX: Kurt Weill y Bertolt Brecht.

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