Entre los artistas de más extensa trayectoria que haya tenido nuestra música popular, Sebastián Piana se ha distinguido por la jerarquía y la sostenida inventiva de su obra de compositor de formidable clásicos: bastará la mención de "Sobre el pucho", "El pescante", "Arco iris", "Tinta roja" y "Milonga triste", para ubicar inmediatamente su talento, su corazón de hombre de Buenos Aires y el nobilísimo cuño de su inspiración. Musicalizó varias películas y obras teatrales. Son innumerables las obras que lograron un éxito resonante.
Figura del Boedo renovador y superador de la estética popular en torno de 1930 compartió con José González Castillo, Pedro Maffia, Homero Manzi y Cátulo Castillo un movimiento que obligó a todos los autores a la decantación y al refinamiento. Con Manzi, particularmente, logró él lo que hasta entonces parecía imposible encontrarle un rumbo diferente a un viejo género: la milonga.
Su producción en conjunto, lo pone a la altura de los mayores creadores de nuestra música. Hijo de un inmigrante piamontés llegado a la Argentina en 1890 a los ocho años de edad. Nació en el barrio de Almagro en la calle Bogado. Vivió su infancia en Villa Crespo. Su padre también llamado Sebastián, era peluquero y a la vez músico. Amigo de Adolfo Pugliese (papá de Osvaldo) y de Pedro Maffia, su padre tocaba piano, guitarra y mandolín e integraba los primitivos grupos de tango en los cafés de La Paloma y Tontolín, a los que lo llevó desde muy chico.
Comenzó estudiando el violín con su tío Pedro Bertolero —muy buen compositor pero mediocre docente—, en 1910. Como no sentía dicho instrumento abandonó durante dos años la música; hasta que se volcó hacia el piano bajo la tutela de Antonio D’Agostino. Se recibió de profesor superior de piano en 1920, cursando estudios de perfeccionamiento con el maestro Ernesto Drangosch hasta la desaparición de éste.
Desde 1917, sin embargo, actuó en plena adolescencia como pianista de cines mudos, en varietés y en diversas formaciones orquestales en las que ejecutaba fantasías, óperas, dado que su padre pretendía hacer de él un músico completo.
Compuso a los 17 años de edad sus primeros tangos estimulado por las renovadoras concepciones de Agustín Bardi y de Juan Carlos Cobián: “Sabor popular”, “La tapera” y “El hombre orquesta”. El primero y el último de estos títulos le fueron sugeridos por José González Castillo amigo de su padre, que tendría un importante papel en su vida; por intercesión suya comenzó a trabajar como pianista en el cine Park de la cadena de Glücksmann, sala en la que actuó varios años.
Con don José compuso “Sobre el pucho” en 1922, tango que fue presentado al concurso de obras con letra organizado por los cigarrillos Tango y entre 136 postulantes obtuvo el segundo lugar, tras “El ramito”, de Filiberto. Fue éste inmediatamente grabado por Gardel, su primer gran éxito personal. Dio a conocer luego con letra de Ribeiro, “Cachito de cielo”; y en 1923 colaborando nuevamente con González Castillo y con el hijo de éste, Cátulo Castillo en la música, ofreció “Silbando” estrenado por Azucena Maizani en la revista Poker de Ases, en el viejo Teatro San Martín. “Águila Real” (dedicado al aviador Claudio Mejía) fue su siguiente obra uniéndose poco después a Pedro Maffia —quien sería su cuñado— en la dirección de una academia de música en la calle Salguero donde comenzó su carrera de docente.
Precisamente con Maffia compuso “Arco iris”, tango consagrado segundo en los concursos de Glücksmann y grabado por Francisco Canaro. Escribió luego en 1929, “Milonga clásica” —tango para orquesta— y con Cátulo Castillo la música para “El ciego del violín”, versos de Homero Manzi que estrenó Roberto Fugazot en “Patadas y Serenatas en el Barrio de las Latas”, y que se titularía definitivamente “Viejo ciego”.
Dentro de su colaboración con Manzi llegó en 1931 otro éxito fundamental: “Milonga sentimental”, a la que siguieron “Milonga del 900”, “Milonga triste”, “Juan Manuel”, “Milonga de los Fortines”, “Pena mulata”, “Milonga de Puente Alsina”, “Canción por la niña muerta”, y los tangos “El pescante” y “De barro”.
Integró la orquesta de Pedro Maffia esporádicamente cuando la misma tenía dos pianos (el otro era Vicente Demarco) y dirigió el acompañamiento de Mercedes Simone hasta formar su orquesta típica Candombe, con la que grabó para RCA-Victor.
Vinculado a la cinematografía argentina hizo la música para las películas “Vidalita”, “Arrabalera”, “Derecho viejo” y “He nacido en Buenos Aires”, así como para “La boina blanca”, pieza teatral de Goicoechea y Cordone, mientras volvió a resplandecer su repertorio tanguístico con otras páginas de antología: “Tinta roja”, “Juan Tango” y “No aflojés”, y el vals “Caserón de tejas”.
Profesor del Conservatorio Municipal Manuel de Falla y maestro de canto coral en la enseñanza primaria, dio a conocer también “Misa de Gloria” (coral a tres voces) y “Escenas de Ballet”. Además de las composiciones populares ya citadas, le pertenecen, en distintos momentos de su trayectoria, los tangos “Recién pudo llorar”, “Trampa”, “Una aventura más”, “Loba de mar”, “Campanas de dolor”, “Estuviste bien, Pirulo”, “Misa rea”, “Princesa arrabalera”, “El misterioso soy yo”; “Dale, dale”, “Billetes” y “Son cosas del ayer”.
Extraído del "Libro del Tango", de Horacio Ferrer, editorial Antonio Tersol, 1980, España.
11 de marzo de 1980: fallece Julio de Caro.
Director, compositor, arreglista y violinista. De Caro se convirtió en uno de los grandes intérpretes de la generación de 1910, pero a partir de 1923 creó un estilo original que lo convirtió en líder de su generación y modelo de las siguientes.
11 de marzo de 1921: nace Astor Piazzolla.
Compositor y bandoneonista. Piazzolla representa uno de los rarísimos casos en que un autor se desenvuelve de forma extraordinaria tanto en el mundo de la música popular, con sus tangos porteños, como en el de la música culta o clásica. Sus composiciones son ideales para los músicos clásicos que quieren llegar a más público sin hacer concesiones.
18 de febrero de 1918
Nace Mariano Mores. Músico, compositor y director. Mores es un inspirado compositor de verdaderos clásicos del tango, tanto por la calidad como por el éxito comercial de sus obras tales.
Roberto Goyeneche
“Siempre recuerdo lo que me dijo Aníbal Troilo Pichuco, uno de los músicos más importantes: «Hay que contarle al público, no cantarle, porque de cantar se encarga la orquesta»”
Aníbal Troilo
"De Buenos Aires tendría que decir muchas cosas... Que es mi vida, que es el tango, que es Gardel, que es la noche... Que es la mujer, el amigo... Tendría que decir muchas cosas y muchas no sabría cómo decirlas... Pero anote esto: agradezco haber nacido en Buenos Aires."
Carlos Gardel
"Yo me siento muy feliz y satisfecho con el homenaje del pueblo. Porque es mi pueblo. Es el pueblo que sufre y ríe conmigo, y que me aplaude. El pueblo que ha formado el pedestal de mi prestigio y mi gloria".

La idea de esta ópera ocupó a Pfitzner unos quince años. El 13 de agosto de 1911 leyó el texto a sus amigos de Munich. Luego comenzó la composición, que quedó terminada el 24 de junio de 1915. Cuando Bruno Walter, en el verano de 1917, organizó una Semana Pfitzner en Munich, el compositor pudo poner Palestrina a su disposición para la representación inaugural. El estreno, el 12 de junio de 1917, tuvo todas las características de un gran acontecimiento.
El gobernador de la Provincia de Entre Ríos, Sergio Urribarri, concurrió ayer a la casa del maestro Reinaldo Zemba para comunicarle que se lo declaró director honorario, y por ende vitalicio, de la Orquesta Sinfónica de dicha ciudad. El mandatario le comentó además que el reconocido músico, Luis Gorelik, quien dirigió las orquestas de Salta y Chile, como así también la Filarmónica de Israel, será designado director musical de la Orquesta.